Con el recelo con el que una leona cuida a sus cachorros, Sara revisa una por una sus incontables medallas. Una de ellas, la que obtuvo al ser considerada la mejor jugadora de un torneo internacional, brilla como sol al mediodía. Al revisarlas, lo hace con minuciosidad y con algo de angustia, con el deseo de que no falte ninguna. Pero también con nostalgia…mucha nostalgia. Y es comprensible, pues recién ha pasado medio año desde que Sara Joya Lobatón (Lima, 1976) tomó la decisión más difícil de su vida: dejar el voleibol profesional luego de dos décadas de carrera. Por lo que no es complicado percibir que esta morena de 182 centímetros todavía extraña elevarse por sobre la net y hacer lo que mejor sabía: concretar las jugadas de ataque. La mirada melancólica que dirige hacia sus medallas la delata. Sara extraña sobremanera el voleibol.
Fue un verano de 1992 cuando Sara, una introvertida adolescente en ese entonces, recibió la feliz noticia de que el fin de semana debutaría en el primer equipo de Alianza Lima. Carlos Aparicio, su entrenador, fue quien le dio esa oportunidad. Y Sara no lo defraudó. Ese año, el cuadro íntimo, que contaba con figuras de la talla de ‘Gaby’ Pérez del Solar, Natalia Málaga, Denisse Fajardo, Cenaida Uribe, Jessica Tejada, Janet Vasconzuelo, entre otras, logró el bicampeonato.





